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EL MUNDO – Metrópoli – La mesa y el mantel. Imanol, en plan “gastro bar”

28 abril, 2005

Ha pasado ya un lustro desde que celebrásemos aquí el gran retorno de Miguel Ansorena al panorama culinario Madrileño: El ex pelotari estuvo mucho tiempo identificado con el Asador Frontón, pero luego se desligó de él y a principios de este decenio empezó a construir su nuevo Emporio


a partir de lo que fueron las sidrerías Sagardi, de sendos centros comerciales, en las Rozas y Alcobendas, reconvertidas en los primeros asadores Imanol (en homenaje a su hijo), para después desembarcar de nuevo en la ciudad, ya en el Barrio de Salamanca.

Pasa el tiempo, cambian los hábitos y las circunstancias económicas, y Miguel Ansorena regresa, dándoles un par de vueltas de tuerca, al formato de aquellos primeros establecimientos más sencillos de las afueras. Así ha nacido hace apenas unas semanas un nuevo Imanol, ya sin el añadido de asador, en el corazón de una de las calles más mesoneras de Chamartín, Víctor Andrés Belaúnde. En el local que fuese de Tapelia, la mayor novedad la constituye sin duda la enorme y larguísima barra que recorre ahora su pared derecha casi hasta el fondo. Tras ella, una reducida zona de mesas con servicio de restaurante, está claro que aquí la barra, las raciones, la restauración rápida a base de apetitosas raciones, es lo primordial. El gastrobar, el segundo local más informal y barato que el primero, es lo que ahora se impone. Y lo que sucede aquí es que, como nos barruntábamos, una marca sinónimo de calidad como es la de Imanol, también destila esa misma calidad en su formato asequible. Por de pronto, si van a las mesas no dejen de echarles un vistazo a las raciones de la barra, porque pueden querer alguna, como la ensaladilla rusa, las anchoas fritas o la tortilla de bonito, todas excelentes. Ya en la mesa, la abundante ración de txistorra, nos coloca de entrada en el espíritu Imanol, la carta es breve pero enjundiosa:  por ejemplo, en plena canícula un milhojas de calabacín y pulpo está refrescante además de sabroso; los pimientos rellenos de brandada de bacalao están ricos, aunque preferiríamos una brandada algo más densa. Qué esperar de los segundos platos cuándo en este Imanol ya no hay vistosas parrillas de carne y pescados, pues, pese a ello el solomillo de buey con patatas paja  y tomate asado está bastante más sabroso que la media, y con una buena textura, el tronco de bonito norteño (ya saben: mucho calabacín) irreprochable. Se termina con una pantxineta o una tarta de queso, más que respetables, y la carta de vinos, también breve, también enjundiosa nos ofrece, por ejemplo, un TALAI BERRI 2009, sin duda uno de los mejores y más regulares chacolís de la nueva hornada, hechos ya como frescos vinos del Loira y sin gas carbónico residual.  Por eso dígale a la amable camarera que se ahorre el pitorrito, ese de plástico echo para aumentar las burbujas: no sirve, en este caso.

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Restaurante Imanol
a Olga y María